Caminar por una cañada real
Qué son las cañadas, por qué miden lo que miden y por qué recorrerlas ayuda a conservarlas.

Durante siglos, millones de ovejas merinas cruzaron la península dos veces al año: hacia el sur en otoño, buscando los pastos de invierno, y hacia el norte en primavera, de vuelta a las sierras. Para que pudieran hacerlo sin pisar cultivos, la Corona protegió una red de caminos ganaderos: las vías pecuarias.
Noventa varas de anchura
Las más importantes son las cañadas reales, que debían tener 90 varas castellanas de ancho, unos 75 metros. Por debajo están los cordeles, las veredas y las coladas. El Honrado Concejo de la Mesta, creado en el siglo XIII, velaba por su uso y resolvía los pleitos con agricultores y concejos.
La Soriana y la Riojana
La Ruta de los Calatravos aprovecha sobre todo dos de estas grandes vías. La Cañada Real Soriana lleva al peregrino desde el Campo de Calatrava hacia el norte, y la Cañada Real Riojana, que en Soria sale de Molinos de Duero por una antigua calzada, le acompaña hacia la sierra.
En el camino aparecen las huellas de aquella economía: ventas, abrevaderos, descansaderos y chozos de piedra como los de Mondéjar.
Caminarlas para defenderlas
Las cañadas siguen siendo dominio público, pero muchas han sido roturadas, cortadas por vallas o borradas por obras. La asociación de la ruta reclama desde sus inicios su conservación. Cada peregrino que las recorre demuestra que siguen vivas y que tienen un uso.

